Nueve Marcas de una Iglesia Saludable, por MARK E. DEVER

iglesia_sanaDios, en su bondad y amor, no nos ha llamado a ser cristianos aislados. Si bien es cierto que pecamos individualmente, y hemos sido llamados del mundo individualmente, también somos llamados a estar reunidos en una asamblea local. En el Nuevo Testamento, esta asamblea es llamada la Iglesia.

Hoy en día, muchos libros en el mercado y predicadores están coincidiendo que casi todo atributo concebible como estilo de adoración, programa de computadora, libro, sistema de sonido, seminario, ministerio, educación, programa, grupo, filosofía, metodología, doctrina, virtud, encuentros espirituales, diseño de parqueos, o dirección organizacional, es la clave para una Iglesia de éxito. ¿Quién está en lo correcto? ¿Cómo se puede saber si una iglesia es saludable? ¿Qué se puede hacer para animar un crecimiento bíblico y sostenible que glorifique a Dios?

Este pequeño libro es una herramienta para un cambio en las Iglesias. En su contenido, sugiero nueve marcas distintivas de una Iglesia saludable. Estos no son los únicos atributos de una Iglesia saludable. No es todo lo que se deseara escuchar acerca de una iglesia. Es más, no son necesariamente los aspectos más importantes de una Iglesia bíblica. Por ejemplo, el Bautismo y la Mesa del Señor son aspectos esenciales de una Iglesia bíblica, los cuales no son directamente mencionados aquí. La razón es porque prácticamente toda Iglesia al menos intenta desarrollar tales ordenanzas. Los nueve atributos en discusión aquí son marcas que pueden caracterizar a una Iglesia que sea bíblicamente pura y saludable con respecto a muchas de sus hermanas que están enfermas. Las nueve marcas discutidas aquí son muy raras de encontrar hoy en día, por lo tanto, existe una necesidad especial de poner en ellas nuestra atención y de cultivarlas en nuestras Iglesias.

Está claro, que así como no hay cristianos perfectos en esta vida, tampoco existen iglesias perfectas. Aún las mejores iglesias están lejos de este ideal. Es necesario notar que ni la adecuada organización eclesiástica, ni la predicación fogosa, ni el ofrendar sacrificialmente, ni la doctrina ortodoxa pueden asegurar que una iglesia florecerá. Sin embargo, cualquier iglesia puede ser más saludable de lo que es. En nuestras vidas nunca vemos victoria completa sobre el pecado, pero como hijos legítimos de Dios no nos damos por vencidos ante la lucha. Las iglesias tampoco deben rendirse ante la lucha. Los cristianos, particularmente pastores y líderes eclesiásticos, tienen este deseo y trabajan para poder ver Iglesias más saludables. El objetivo de este libro es precisamente animar a tener esta salud. Con este propósito escribo y con este propósito usted lo lee para que Dios pueda ser glorificado en su pueblo.

Nuestra adicción norteamericana al pragmatismo, particularmente al éxito evidente, debe ser reemplazada por una humilde y confiada dependencia en la fidelidad de Dios, particularmente en cumplir sus mandamientos sin esperar resultados inmediatos. Debemos tener categorías para reconocer y animar el trabajo no solamente de los plantadores de Iglesias en áreas de crecimiento demográfico o en medio de un avivamiento, sino que también de los pastores fieles en poblados ya establecidos, de ciudades en extinción o áreas rurales. Debemos de ser capaces de animar la obra de Dios de igual manera como se hizo a la labor de William Carey o Adoniram Judson, y no tan solamente a las cruzadas o misiones con grandes estadísticas de personas que responden inmediatamente.

Una nota de advertencia: en este reajuste de los objetivos y prácticas de la Iglesia no se debe confiar en seminarios como los agentes de cambio y reforma bíblica. Los seminarios (ya sean denominacionales o de otro tipo) son instituciones que tienen sus propios lineamientos, del grupo que los regula, por lo que deben ser fieles a ellos o perecerían. Es así como esto debe ser. Por lo anterior, debemos trabajar para un cambio más profundo, lento y a largo plazo a medida vayamos trabajando en el cambio de nuestras Iglesias.

De nuevo, aún las mejores iglesias están muy lejos de este ideal, pero no debemos por lo tanto cesar en nuestra labor. Estamos unidos en el deseo de tener Iglesias más saludables donde Dios será glorificado en medio de su pueblo. Que este libro pueda ser usado para este fin.

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